Valery Estefannia Rocha Cortés
Alumna de la primera generación, Prepa Ibero Tlaxcala
El último día del kilómetro del libro, es decir el sábado 19 de abril, me invitó mi amiga Lupita a acompañarla a la estación de FM Centro, para una entrevista acerca de la actividad que habíamos organizado en la escuela.
El viaje duró poco hasta Apizaco, no estaba nerviosa: ¿por qué debería estarlo? Pero aún no podía imaginar lo que me esperaba.
Llegamos por fin, no recuerdo en cuanto tiempo, pero eso no era importante. Entramos a la estación que a mi parecer tenía una forma circular por dentro en la cual estaban más o menos ordenados los estudios de grabación, pero el más importante era el que estaba frente a nosotros, subiendo unas cuantas escaleras.
En el centro del “círculo” se podía apreciar la antena que salía al exterior. En ese momento me pregunté si no entraría el agua cuando lloviera, pero eso se me olvidó cuando entramos a la cabina.
Ésta contaba con tres partes (según yo), la primera era en la que se encontraban las personas que conducían el programa, la segunda en la que se manejaban el sonido y demás cosas y la tercera parte era el pequeño pasillo en el cual cabían muy pocas personas y donde era un poco incómodo estar.
Estuvimos esperando en este último a que nos presentáramos y que terminara la gente en cabina. Nos preguntaron el nombre (a mí me lo cambiaron, como casi siempre), pero hasta ahora no sabía por qué, aunque de inmediato se me prendió el foco: ¡iba a participar en la entrevista! En ese momento me puse demasiado nerviosa, jamás había participado en algo así, para algunos resultaría demasiado sencillo, pero para mí no.
Ya estábamos en la cabina. Mis ideas se revolvían y ya no me importaba que dijeran mi nombre mal, sino lo que iba a decir; no lo sabía. Inició la entrevista y todo lo que decían la conductora, mi amiga Lupita y Rafa, nuestro director, eran palabras sin comprender en mi mente, trataba de seguir la conversación pero por más que lo intentara no podía hilar las ideas (aquí está un claro ejemplo del nerviosismo hacia algo nuevo).
Pero por fin empezó lo que más temía: ¡me dieron la palabra!… un silencio inundó TODA LA ESTACIÓN y supongo que todos los radios de las personas que nos estaban escuchando. Había olvidado la pregunta, en silencio y desesperadamente pregunté qué me habían dicho, y según mis compañeros que escucharon el programa, se oyó la voz de mi amiga diciendo…
- Sí, sí, te toca.
Cuando me volvieron a preguntar, pude más o menos recobrar un poco de confianza; un poco, y al final de cuentas pude decir algo sobre eso, mucho después me dijeron en risa todo lo que pasó y que mi voz sonaba para contar leyendas….
La verdad, yo estaba aliviada de que todo terminara, pero hizo que en mí surgiera algo, un impulso de volverlo a intentar, pero esta vez mucho mejor, ya que eso fue una grandiosa experiencia.
Ya ese día, después de todos los comentarios, descubrí que otro medio de comunicación había mencionado el kilómetro del libro y en su portada había algo que me puso más nerviosa… pero esa es otra historia.