Los “aviadores” y la crisis
Victor M. Pérez Varela - 2 de Octubre 2009 - elfinanciero.com.mx
Las crisis por las que atraviesa el país nos hacen reflexionar sobre los grandes retos que tenemos para superarlas.
En primer lugar está la crisis educativa: es indudable que para superarla, a mediano y a largo plazo es necesaria una educación de excelencia, que no sólo informe sino que forme a las personas en conocimientos y valores.
Después estaría la crisis laboral-sindical, donde no sólo hay que tratar de superar la carencia de empleos, lo cual es muy importante, sino también atender la ineficacia laboral.
En tercer término habría que superar la corrupción, que en sus múltiples facetas permea a la sociedad mexicana tanto en la vida pública como en la privada.
Un fenómeno típico de México, pero quizá no exclusivo, y que abarca los tres aspectos arriba señalados, es el que popularmente se denomina como el problema de los aviadores.
En una de sus facetas, este problema consiste en que una persona está en la nómina de una empresa y no realiza ningún trabajo.
La explicación de este fenómeno nos lleva a explorar el extraño nombre con que se denomina esta actuación corrupta, y con esto a hablar un poco sobre el origen de la aviación en México.
Ante todo surge la pregunta: ¿es difícil ser aviador? Hace unos días corría por Internet la noticia de una chica, Jessica Cox, que maneja aviones con los pies, ya que nació sin sus extremidades superiores.
El mencionado correo pondera, con razón, el espíritu de superación de esta persona que realiza una actividad casi increíble.
Es muy diferente el caso de los aviadores, que sin ningún esfuerzo personal cobran salarios injustos en detrimento de las empresas, y en algunos casos del país.
La Escuela Militar de Aviación, según datos de la Sedena, data del tiempo de la Revolución, cuando el presidente Venustiano Carranza creó la Escuela Nacional de Aviación, en noviembre de 1915.
Se cuenta que precisamente en este periodo, ya concluida la lucha revolucionaria, varios jefes guerrilleros pidieron al presidente de la República una remuneración por sus servicios. En bien de la paz, el primer mandatario juzgó que para mantener a estas personas tranquilas convenía ponerlas en la nómina del gobierno. La condición era que hicieran una lista de sus gastos, por escrito.
Como algunos de estos “generales” no sabían leer ni escribir, acudieron a un abogado, quien copió los gastos de los militares estadounidenses, y entre ellos aparecían los gastos de aviación.
Cuando le llegaron al presidente Carranza las peticiones con las cantidades más bien elevadas para gastos de aviación, entre admirado y enojado comentó: ¡cuántos aviadores!
Con el tiempo, ese fenómeno se generalizó, al grado de que el licenciado Efraín González Morfín comentaba, con su humor característico, que México poseía la fuerza aérea más grande del mundo.
En efecto, este fenómeno de falta de formación ética, connivencia sindical y corrupción laboral ocasiona serios daños a la economía del país.
En días pasados, El Universal señalaba que en Pemex existían 11 mil 500 aviadores, lo que en los últimos cuatro años le costó a la empresa y al país alrededor de 19 mil millones de pesos, casi el presupuesto destinado al Procampo.
No desconfío de las fuentes de ese periódico, pero me da la impresión de que no se pretendió una investigación exhaustiva, y que el número de “aviadores ocultos” podría triplicarse, ya que en ese caso se trata únicamente de reubicación laboral, que en gran parte depende de la buena voluntad del sindicato.
¿A cuánto podría ascender el número de aviadores si sumáramos el número de atrevidos pilotos de todas las paraestatales, de los maestros de primaria y secundaria, de los maestros de la UNAM y del IPN y de todas las universidades estatales del país? Entre los empleados burócratas y hasta en los “servidores públicos” de alto nivel se pueden detectar muchos aviadores.
Se podría hacer una clasificación de los diversos tipos de aviadores: unos de alto nivel vuelan a grandes alturas, otros de bajo nivel vuelan más bajo, unos tienen sólo dos plazas de tiempo completo, otros múltiples plazas, unos que trabajando de tiempo completo en una empresa se dan tiempo para hacer “pequeños trabajos adicionales en otros sitios”.
Por último estarían los semiaviadores, que tienen sólo una plaza, pero no cumplen con sus funciones y prácticamente cobran de balde, como algunos diputados.
Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana
Recent posts
- Difícil encontrar salida a la recesión: Mirón Lince
- Presidente México dice ve lejana solución a finanzas públicas
- La Bolsa mexicana gana 1.30%
- Solicitudes de hipotecas en EU, al alza
- “México podría recuperar niveles pre-crisis en 2017: Monex
- México recaudará menos de lo propuesto
- Tenerife, capital de la deflación
- EL INFORME OPPENHEIMER
- AGENDA CIUDADANA
- Empeora México en índice de corrupción
Discussion & Comments
See what people are saying about your posts.