Para no recuperarse
Colaborador Invitado
27 Mar. 09
Reforma
Joseph E. Stiglitz
Algunos pensaban que la elección de Barack Obama revertiría las cosas para Estados Unidos. Como no fue así, incluso después de la sanción de un gigantesco paquete de estímulo, la presentación de un nuevo programa para hacer frente al subyacente problema inmobiliario y varios planes para estabilizar el sistema financiero, algunos ya empiezan a culpar a Obama y a su equipo.
Obama, sin embargo, heredó una economía en caída libre, y difícilmente hubiera podido revertir las cosas en el corto tiempo que transcurrió desde que asumió la Presidencia. Desafortunadamente, lo que está haciendo no es suficiente. El paquete de estímulo parece grande -más del 2 por ciento del PBI por año-, pero una tercera parte está destinada a recortes impositivos. Y, en un momento en que los norteamericanos enfrentan un excedente de deuda, un desempleo que crece rápidamente y una caída de los precios de los activos, probablemente ahorren gran parte del recorte impositivo.
Casi la mitad del estímulo no hace más que compensar el efecto contraccionario de la reducción de personal a nivel estatal. Los 50 estados de EU deben mantener presupuestos equilibrados. Los déficit totales se calculaban en 150 mil millones de dólares hace unos meses; hoy, la cifra debe ser mucho mayor -de hecho, sólo California enfrenta un déficit de 40 mil millones de dólares.
Los ahorros de los hogares finalmente están empezando a aumentar, lo cual es bueno para la salud a largo plazo de las finanzas hogareñas, pero desastroso para el crecimiento económico. Mientras tanto, la inversión y las exportaciones también se están derrumbando.
El estímulo fortalecerá la economía de EU, pero probablemente no sea suficiente para restablecer un crecimiento robusto. Esas son malas noticias para el resto del mundo.
Las verdaderas deficiencias en el programa de recuperación de Obama, sin embargo, no residen en el paquete de estímulo, sino en sus esfuerzos por reanimar los mercados financieros. Las anomalías de EU les ofrecen lecciones a los países que enfrentan o enfrentarán mayores problemas con sus bancos:
- La demora en la reestructuración bancaria es costosa, tanto en términos de los eventuales costos del rescate como del daño a la economía general en el ínterin.
- A los gobiernos no les gusta admitir los costos totales del problema, de modo que le dan al sistema bancario apenas lo suficiente para sobrevivir, pero no lo para devolverle la salud.
- La confianza es importante, pero debe descansar en fundamentos sólidos.
- Se puede esperar que los banqueros actúen en interés propio con base en incentivos. Sabiendo que el Gobierno recogerá los pedazos si fuera necesario, pospondrán la resolución de las hipotecas y pagarán miles de millones en bonos y dividendos.
- Socializar las pérdidas al mismo tiempo que se privatizan las ganancias es más preocupante que las consecuencias de la nacionalización de los bancos. Los malos términos implican una gran deuda nacional en el futuro.
- Estados Unidos podría haber salvado a sus bancos, y dejar a los accionistas librados a su suerte, por mucho menos de lo que invirtió.
- El efecto derrame en la economía casi nunca funciona. Inyectar dinero en los bancos no ayudó a los propietarios de casas. Dejar que AIG quebrara habría sido mejor que arriesgar más de 150 mil millones de dólares y esperar que parte de esa cifra recayera donde fuera importante.
- La falta de transparencia metió al sistema financiero norteamericano en este problema. La falta de transparencia no lo sacará de esta situación. La Administración Obama está prometiendo asumir las pérdidas para persuadir a los fondos de cobertura y a otros inversores privados de comprar activos intangibles de los bancos. Pero esto no establecerá “precios de mercado”, como sostiene la Administración. Si el Gobierno asume las pérdidas, estos son precios distorsionados. Las pérdidas bancarias ya ocurrieron y sus ganancias ahora deben producirse a expensas de los contribuyentes. Incorporar a los fondos de cobertura como terceras partes no hará más que aumentar el costo.
La era de pensar que se puede crear algo de la nada debería terminar. Las respuestas miopes de los políticos sólo prolongarán el problema. Se está vislumbrando un callejón sin salida. Se necesitará más dinero, pero los norteamericanos no están de ánimo para ofrecerlo -ciertamente, no en los términos que se han visto hasta ahora. El pozo de dinero tal vez se esté secando y con él, también, el optimismo y la esperanza legendarios de Estados Unidos.
Joseph E. Stiglitz, profesor de Economía en la Universidad de Columbia, fue ganador del Premio Nobel de Economía en 2001 y es co-autor, junto con Linda Bilmes, de The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict. Copyright: Project Syndicate, 2009. www.project-syndicate.org| Traducción de Claudia Martínez
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