¿Debemos adoptar el dólar en México?

¿Debemos adoptar el dólar en México?

Roberto Newell
5 Mar. 09
Reforma

DE CONVICCIÓN LIBERAL

Desde agosto, el dólar se ha apreciado 50 por ciento con respecto al peso. Tal descalabro ha causado problemas financieros a miles de empresas, entre ellas algunas grandes como Cemex. También ha causado que los términos de intercambio con Estados Unidos cambien significativamente. Nuestras importaciones se hicieron mucho más caras y los bienes no-comercializables perdieron valor relativo.

Quienes habían hecho inversiones en la Bolsa Mexicana de Valores sufrieron fuertes pérdidas cambiarias, que se suman a las causadas por el desplome del mercado de valores. Los incentivos para irse a trabajar a Estados Unidos se fortalecieron, mientras que el costo de capital de las inversiones en el País se fue a las nubes, restando dinamismo a la acumulación de activos. Otra vez estamos sufriendo las consecuencias de poseer una moneda frágil, que se cae cuando sube el riesgo o aumenta la inestabilidad.

El ciclo de depreciación no afecta a todas las empresas por igual. Las empresas exportadoras del sector manufacturero ganaron competitividad, sobre todo las que compiten con empresas de China, cuya moneda se ha revaluado. Los jubilados americanos que radican en México y tienen ingresos en dólares están en jauja.

La depreciación del peso también favorece a empresas que producen para el mercado local, pero que enfrentaban la oferta de países como China, Vietnam o India. Pero en general, el saldo neto para México es negativo. Muchas más personas han perdido con respecto a aquellas que han ganado, sobre todo cuando se toma en cuenta la recesión mundial. Hoy no hay a quién venderle, aun a precios bajos.

La crisis está causando mucho dolor y causará mucho más. La mayor parte de estos costos vienen de condiciones exógenas. Destacan entre estas la brutal irresponsabilidad de las autoridades del sector financiero y del Gobierno de Estados Unidos, pero no se quedan atrás los equipos directivos de los bancos, los cuales en complicidad con los gobiernos corporativos de sus instituciones son culpables de tremendos excesos. Pero la gravedad de la crisis también es en función de la decisión que tomamos hace años de mantener el peso como nuestra moneda.

Durante los noventas se debatió la conveniencia de sustituir al peso con el dólar, formando una unión monetaria de facto con Estados Unidos. El debate enfrentó a economistas de todas las escuelas de pensamiento. Algunos favorecían dar tal paso, pues veían en ello una manera de reducir el riesgo de inflación y eliminar una de las principales fuentes de incertidumbre e inestabilidad de nuestra economía. Otros pensaban que tal cambio significaría subordinar la política fiscal del País a la de Estados Unidos y renunciar a tener una política monetaria independiente.

El debate concluyó sin que se hicieran cambios. Sirvió para subrayar la importancia de que el Gobierno federal debía manejar prudentemente las finanzas públicas y destacó la necesidad de respetar la autonomía del Banco de México en política monetaria.

Durante los años subsecuentes, el Gobierno federal evitó gastar excesivamente. Por ello, el déficit se mantuvo dentro de niveles manejables. Retrospectivamente, es claro que hubiera sido deseable reformar las finanzas públicas del País para eliminar la dependencia del mercado del petróleo, pero a final de cuentas se mantuvo el equilibrio fiscal.

La sobriedad también caracterizó la política monetaria. Poco a poco se fue domando la inflación, y el Banco de México también acertó al dejar que el peso flotara en correspondencia con las condiciones de generación de divisas. Pero a pesar de la pericia técnica de las autoridades fiscales y monetarias y de la prudencia con la cual actuaron, la crisis actual revela que asumir conductas fiscales y monetarias plausibles es condición necesaria para la estabilidad pero no suficiente. Nuestra economía sigue siendo vulnerable a choques externos.

La crisis financiera actual revela que tenían razón los que recomendaban una unión monetaria con Estados Unidos. Nuestra economía es demasiado pequeña y está demasiado ligada a la de Estados Unidos para darse el lujo de mantener políticas monetarias y fiscales independientes. La relación económica con EU obliga a buscar formas para atenuar la volatilidad que deriva de las decisiones económicas que se toman en el país vecino.

Si hubiéramos adoptado el dólar como nuestra moneda, de cualquier manera estaríamos resintiendo los efectos recesivos de la crisis, pero no estaríamos sufriendo los efectos del brutal ajuste cambiario que la acompaña. La decisión de adoptar el dólar como nuestra moneda es ineludible. Hacerlo tendrá consecuencias negativas, pero serán mucho menores que el costo que actualmente estamos pagando.
Roberto Newell es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.


Posted by 355 on Apr 01 2009 under Política Monetaria, Crisis Mundial



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